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Gestionamos Gente Toxica en nuestros equipos o nos dejamos llevar por la inercia?

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Quedan pocos meses para que acabe el año y hay que dar el último sprint para alcanzar objetivos anuales y los muy afortunados hasta puede que cobren un bono…. En cualquier caso, esta tarea no la podemos hacer solos, las metas y retos organizacionales requieren de un equipo, capaz, con recursos, objetivos claros, motivado y alineado.

¿Qué tipo de equipo tengo?, ¿Estamos tondos alineados?, ¿Tenemos la actitud necesaria?…

Los equipos habitualmente se componen de personas con diferente personalidad, formación y experiencia profesional, pero es muy importante que exista una cultura común compartida y un esfuerzo y un reconocimiento equitativo. Cuando uno de los miembros del equipo se le puede considerar como “tóxico”, el clima del grupo sufre las consecuencias y el éxito en los resultados se pone en peligro.

Según Marsha Petrie Sue existen varios tipos de gente tóxica, seguro que reconocéis a alguno sino a toda la tipología. Os la presento a continuación de manera muy abreviada pero espero que suficiente:

-  El agresivo. Utiliza como herramienta de relación con los demás el miedo y el conflicto para   salirse con la suya.

-  El pasivo. No participa en las actividades y toma de decisiones del grupo. Pasar desapercibido es su estrategia para no asumir responsabilidades y tener que acarrear con las consecuencias de los errores.

-  El “sabelotodo”. Una actitud arrogante lo protege de los demás, les rodea un aura de gurú que les otorga un supuesto conocimiento por encima de la media del grupo. El problema es que muchas veces no saben de lo que están hablando.

- El adulador, también conocido como “el pelota”. No aporta nada al grupo pero se refugia en la adulación para sobrevivir. Como no crea problemas, y además hace sentirse bien a los demás, suele sobrevivir en las organizaciones.

-  El necesitado o “calimero”. Busca siempre la atención y reconocimiento de los demás. Es infantil, demanda mucho tiempo y desgaste por parte del grupo para sentirse bien, y si no consigue sus objetivos utiliza las pataletas.

-   El traicionero. Hará lo que haga falta para conseguir sus objetivos o un ascenso. No es de fiar. Para este tipo de personas lo importante es el fin y no los medios.

-   El negativo. Nunca ve el lado positivo pero no es capaz de aportar soluciones. Le encanta ser la víctima de este modo no asume responsabilidades.

Tomando como punto de partida la tipología de gente tóxica definida por Marsha y pensando posibles similitudes con miembros de nuestro propio equipo, no será difícil para el lector recordar ejemplos de situaciones donde este estas personas tóxicas han creado una disfunción en su grupo de trabajo o con compañeros que ha impedido que alcancemos nuestros objetivos empresariales, unas veces por su dominancia, otras por su pasividad y en ocasiones por su nivel de conflictividad.

La gestión de personas tóxicas no es sencilla, ellos no quieren cambiar ya que su estrategia conductual les ha dado buenos resultados en el pasado, para el responsable de estas personas es complicado tomar una decisión sobre qué hacer con ellas, salvo en casos muy extremos, ya que en ocasiones puede que aporten valor a la empresa, o tienen contactos políticos importantes a nivel corporativo y generan dudas en el líder del equipo sobre cómo actuar.

Una línea básica de actuación para empezar a gestionar estos comportamientos tóxicos consiste en no recompensarlos, dicho de otra manera, no permitir que estas personas desplieguen su estrategia conductual maquiavélica. ¿Cómo podemos hacerlo?, habitualmente los líderes de departamentos y equipos de trabajo se centran en pedir objetivos cuantitativos a sus colaboradores, lo que podríamos llamar “el qué”; por poner ejemplos: cuánto vender, cuántos euros ahorrar, implantar un proyecto determinado, etc.

Pero casi nunca ponen énfasis en cómo conseguir estos objetivos, en la actitud, “el cómo”. Es aquí donde hay que definir con la persona tóxica qué comportamientos van a ser aceptados y cuáles no, qué actitud tienen que tener frente a las tareas encomendadas y ante las demás personas. Hay que  resaltar la importancia de construir una sólida relación profesional con los demás, basada en la colaboración, proactividad, honestidad y creatividad. Y por último dejarles claras las consecuencias de no conseguir estos objetivos actitudinales.

Siempre ha sido importante la gestión de personas para conseguir el éxito profesional, pero hoy en día todavía lo es más, sin un equipo sólido que nos respalde no conseguiremos abrirnos camino en el mundo de los negocios, y es por ellos y por nosotros que vale la pena invertir tiempo en construir un equipo ganador.

Fuente: Expansión

Last modified on Friday, 11 November 2011 22:53
Editor C&D

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